¿No se venden dos
gorriones por una monedita? Sin embargo, ni uno de ellos caerá a tierra
sin que lo permita el Padre. Pues aún vuestros cabellos están todos contados. Así
que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos. Mateo 10:29 - 31
NVI
Dios ha estado trabajando desde
la eternidad pasada, se ha encargado del diseño, la arquitectura y la mano de
obra del universo, ha trazado la línea de la historia y extendido su objetivo de
redención para la humanidad. Dios sigue trabajando en lo extraordinario sin olvidarse
de los detalles ordinarios. Bueno, en realidad, en el trabajo de Dios no hay
nada que sea ordinario, hasta el más mínimo detalle es excepcional, somo
nosotros quienes categorizamos lo sensacional de lo comunacho, dándole
más valor, por supuesto a lo que consideramos extraordinario.
La semana pasada leí algunos
autores exponiendo sobre la dicotomía entre sagrado y secular en el orden del
trabajo, me reuní con profesionales para seguir profundizando nuestros conocimientos
y salí de allí con la mentalidad puesta en optimizar mi tiempo, mi energía y
mis talentos para ocuparme de expandir el reino de Dios en cada oportunidad;
pasé por Lucas 2:49 recitando para mis adentros que en los negocios de mi padre
me es necesario estar, pero lejos de saber cuán ocupada estaba en
los negocios y lejos de mi Padre.
Esta mañana, cuando me cepillaba
los dientes, mi amiga me interrumpió mostrándome un minino que se encontró mientras
corría, con la boca espumosa y el cepillo entre dientes, le hice señas de que
no quería otro gato en casa, ella sólo me miró y se fue. El día transcurría y
yo tarareaba el estribillo de la canción “No estará en donde piensas que
está, donde menos lo imaginas allí lo encontrarás” de Marcela Gándara; respecto
al incidente del gato, rumiaba en mi mente acerca de mis no negociables, los
límites y acuerdos que debíamos respetar entre mi amiga y yo para una sana convivencia, además de
aprovechar el asunto como ejemplo para enseñar a los padres. Argumentos que
quedaron totalmente reprobados cuando en la noche mi amiga me informó que el minino ya tenía
un hogar.
Me contó cómo, después de mi
respuesta, se enojó, se entristeció y solicitó ayuda a Dios y a otra amiga para
encontrarle un lugar al minino; entre juntas se organizaron para la búsqueda y
al final dieron con una familia que lo deseaban, pues hacía unos meses les
habían envenenado su gato y su pequeña hija había sufrido mucho la pérdida de la
mascota. Mientras ella me contaba lo gratificante que había sido ver la alegría
de la niña al entregarle la pequeña bolita de pelos y saber que Dios había estado
orquestando todo para consolar su corazón y seguramente responder su oración,
el mío se abochornó, se arrugó y se quebró.
Con la interrupción de un gato en mi agenda, Dios me estaba invitando a colaborar en Su trabajo para responder el llamado de un corazón afligido, pero yo me rehusé. Fracasé en comprender que los negocios en los que está mi Padre no son exclusivos, o los que yo valoro como los más sensacionales y sobresalientes, otra vez yo y mi manera de encuadrar a Dios, sin mencionar mi fracaso en la gestión de la comunicación asertiva (emoji de la mano chocando en la frente).
Muy poco imaginamos al Señor
ocupándose en el día a día de contar cabellos, vestir flores, dirigir abejas hacia
el polen, alinear filas de hormigas, pero de la misma forma y con el mismo valor que Dios
se ocupa de sostener la inmensidad del universo, también se encarga de buscar
refugio para un minino extraviado y con mucho más valor y prontitud cuando se
trata de atender al llamado de uno de sus hijos y sanar el quebranto de su corazón.
Dios sigue trabajando, tal como dice la canción, está donde está la necesidad, si es grande o pequeña, no importa, para Él sigue
siendo una necesidad por atender y trabajará arduamente para satisfacerla. Mis amigas
recibirán la recompensa del Padre por haberse involucrado y obedecido a Su
llamado. Yo…bueno, mi recompensa ha sido recibir de mi Padre la gracia de escuchar Su enseñanza, comprenderla y saber
que mañana habrá gracia nueva para volverlo a intentar.
Pero dichosos los
ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. Mateo 13:16 NVI

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