Mujer de calma y serena, sin detener su paso sigiloso y decidido,
Está tu mente inquieta, serpentea con cada nueva idea,
y tu corazón brinca sobre gigantes globos de emoción con toda esa magna creación.
Mujer de ojos húmedos y a veces llorosos,
que no quitas de tu sueño a esos descalzos chicuelos y los otros chicos de la escuela
¿Qué les llevarás? Algo más que unos zapatos y mejor que una lección,
todo lo que puedes ofrecer es tu presencia,
porque tu presencia es tan sagrada que no cualquiera es digna de ella.
Mujer de manos inquietas que no reparan en su belleza.
¿Quién dijo que a una mujer se la juzga por la belleza de sus manos?
Si ha de ser juzgada, que sea por las vidas que sus manos han tocado.
Por eso al brillar el sol, con disciplina mueves las tijeras, colocas el pegante, bordas las letras.
Están tu mente y tus manos absorbidas en hacer lo que mejor se pueda,
Todos, ya nos hemos dado cuenta.
Y tu corazón brinca sobre gigantes globos de emoción con toda esta magna creación.
Mujer de rostro alegre ¿Qué ves en el espejo cuando te ves?
Sí, una delicada vasija de barro que contiene algo más grande que ella.
Una fulgente e incesante luz que antes temblaba.
Oh sí, termina en aba, porque pertenece al pasado
y en el pasado, quedaron los errores pero en el presente está el aprendizaje.
Porque tú mejor que nadie sabes que para aprender es necesario caer.
Pero ahora, ¡Que gratificante es el ahora! Ahora el placer de irradiar es intenso,
el sabor de los frutos es dulcísimo y placentero
porque reconoces con veracidad quien es el que te hace brillar.
¡Él y solamente Él!
¡Por Él, todos estos años has perdido el corazón, la cabeza, y hasta las medias!
Sí, nosotros ya sabemos tu secreto: tú lo amas y Él a ti.
Ahora y mañana y pasado mañana, brilla más,
para que del Amado sea la excelencia
y nosotros al verte a ti, lo anhelemos a Él.
Mujer de calma y serena.
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. 2 Corintios 4:7

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