Tengo algunas semillas de palta (aguacate) en proceso de germinación. Cuidadosamente las pelé para que quedaran con la piel desnuda, las cubrí en papel húmedo y las tengo casi olvidadas en la fría oscuridad. De vez en cuando les doy una mirada, para verificar si se están resquebrajando. Y si, esas gruesas semillas han comenzado a quebrarse en varios pedazos, me pone muy feliz ver su muerte, porque es señal de nueva vida. ¡Tendré varios árboles de aguacate!
Qué sincero es Pablo ante una iglesia que ha
tenido que corregir por su mal comportamiento. En su segunda carta a los
Corintios revela lo que realmente es ante ellos: solo un servidor, una vasija
de barro sujeta al quebranto que está gozosa de romperse en pequeños pedazos porque
sabe que por medio de su muerte se está exponiendo el tesoro que contiene, el
evangelio glorioso de Cristo que alumbra el entendimiento de sus oyentes y los
lleva a la revelación de Cristo, produciendo en ellos vida eterna.
“Mediante el sufrimiento, nuestro cuerpo sigue
participando de la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús también pueda
verse en nuestro cuerpo. Es cierto, vivimos en constante peligro de muerte
porque servimos a Jesús, para que la vida de Jesús sea evidente en nuestro
cuerpo que muere. Así que vivimos de cara a la muerte, pero esto ha dado como
resultado vida eterna para ustedes”. 2 Corintios 4:10 – 12 NTV
Es que no hay manera de revelar el evangelio
que trae vida si no es a través de la muerte, y no hace falta rebuscar explicaciones,
tenemos el más claro ejemplo de muerte que produce vida no sólo en la
naturaleza sino primordialmente la muerte del inocente Hijo de Dios que produce
vida eterna en nosotros que hemos creído para salvación.
No hay gloria sin cruz. Yo no creí que me fuera
a costar tanto seguir a Jesús, en principio no tenía ni idea de lo que se trataba
morir y a qué tenía que morir, pero a medida que me voy exponiendo ante Su palabra
reconozco a lo que Cristo me llama a morir, entonces comienza la batalla entre
el deseo de rendir mis deseos egoístas y la resistencia de mi naturaleza adámica
a morir. Pero sé que si no rindo aquello, no habrá muerte y tampoco habrá fruto
de la vida de Cristo y mucho menos desarrollo a la imagen de Cristo.
“Os aseguro que si el grano de trigo que cae en
la tierra no muere, seguirá siendo un único grano, pero si muere produce mucho
fruto. El que ama su vida la perderá; y el que en este mundo aborrece su vida
la guardará para vida eterna” Juan 12:24-25 RV2020
Todo discípulo de Cristo se identifica con él
en sus padecimientos y lleva las señales de muerte en su vida. Así que, ¿Cómo me doy cuenta de que estoy
muriendo? Bueno, puedo asegurarles que me sigue costando el servicio
sacrificial, lavar por enésima vez el mismo plato, pero ya no prevalece la queja,
hoy puedo elegir hacerlo libremente con amor. Sigo aprendiendo a no
decir sí a todos para sentir la aprobación humana, aprender a colocar límites
saludables, por paradójico que suene, me ha llevado a morir progresivamente al
deseo de aceptación humana y poquito a poco, de la misma forma que mis semillas
de palta revelan un gajito de raíz, evidenciar por la fe la dependencia que
necesito de Dios para mi justificación. Y si, la verdad es que estoy muriendo al perfeccionismo insano dándole espacio a la vida de esta reflexión.
Es ese el quebrantamiento el que da testimonio
de la gloria del evangelio y el que Dios utiliza para alumbrar el entendimiento
de otros, y por Su gracia atraerlos a Él, infundiendo en ellos aliento de vida
y nacimiento para vida eterna.
Es parte de mi llamado como discípula que tiene
la responsabilidad de hacer nuevos discípulos y no tiene por qué ser devastador,
porque es la fe la que ha vencido la muerte y el quebranto. Es la esperanza que
nos aguarda el motor que nos motiva encontrar señales de muerte en nuestra vida,
¡y qué glorioso! Pues, quizás mis semillas de palta no entiendan ese proceso
incómodo y doloroso al que las estoy sometiendo, pero yo puedo ver en lo que
ellas se convertirán, ¡Si tan sólo ellas pudieran ver lo que yo veo, seguro se alegrarían
conmigo!
En última instancia, es lo que Dios desea, que
confiemos y miremos a través del evangelio lo que Él está haciendo, y
transitemos esta muerte con gozo y esperanza porque podemos fijar nuestra
atención en aquello que Él nos ha revelado, lo que no se ve que es eterno, porque
al final de cuentas esta muerte no lo es todo, no lo es para siempre, no en Cristo.
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya
no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en el cuerpo, lo
vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó así mismo por mí”. Gálatas 2:20 RV2020

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