Antes que nada, debo confesarme y decir que antes, ni siquiera me llamaba la atención pararme por un momento en esta fecha y en ninguna otra para meditar a conciencia sobre lo que significó el sacrificio de Cristo por mí.
Digo, estaba inmersa en el evangelio, pero no había hecho mía la realidad del
Maestro tomando mis propios pecados, sí los míos, esos de los que sólo yo sé
que me competen a mí, y cargándolos hasta el final del camino para culminar su
vida física en un último suspiro de exclamación sobre mí.
Creo que su último suspiro y su última exclamación es la que ahora más pesa
en mí, pesa en el sentido del valor incalculable que significa lo que Él, con
el cuerpo desgarrado y haciendo un sobreesfuerzo por respirar, logró pronunciar
antes de morir.
“Consumado es” del griego Tetelestai, fue el sello que marcó la culminación
del plan diseñado por Dios desde la eternidad pasada. todo el plan de redención
desde el principio hasta el final se llevó a cabo, no quedó ni una sola tarea
pendiente en la lista de tareas que Dios en su Hijo Jesucristo haya procrastinado
o dejado para después. Nada quedó incompleto, diseñó su plan, lo puso en marcha
sosteniéndolo por las edades humanas y lo culminó en la Cruz.
Cristo no sólo dio cumplimiento al plan de redención, también dio a los
mandamientos de la ley de Dios un cumplimiento intachable desde el principio de
su vida hasta el final de ella. Solamente Dios hecho hombre fue capaz de
cumplir todo el estándar de la santidad que Dios mismo exigía de nosotros.
Eso tiene que ver completamente conmigo, porque no había manera de
redimirme por mi propia cuenta y mucho menos ponerme en sacrificio para redimir
a otros. ¿Puede acaso un ciego guiar a otros ciegos? ¿Puede acaso un esclavo
pagarse a sí mismo su liberación? A veces vivimos la vida pretendiendo ser tan
autosuficientes o sirviéndonos de héroes para otros que no nos percatamos que
estamos todos en la misma cárcel y a menos de que Otro nos abra la puerta, no
hay manera de librarnos de esa celda.
El que Jesús haya vivido la ley de Dios sin faltar a un solo mandamiento también
tiene que ver conmigo, porque ¡Cuántas veces intenté vivir al filo de la ley y
lo único que conseguí fue una obsesión frustrante por la perfección! Y no sólo
yo, sino todos aquellos que han intentado vivir la vida caminando bajo la línea
perfecta me darán razón de lo angustioso que resulta ser. Pero Jesús no tuvo
problema con eso, era Dios mismo, su intachable cumplimento de la ley me dio la
libertad de saber que me voy a equivocar, pero que sobre mis desaciertos hay Gracia
abundante y un estímulo para vivir descansando en que Él cubre mis faltas. Una
obediencia sincera, aunque no perfecta.
Cuando Él exclamó “Consumado es”, rindió cuentas, le dijo al Padre que todo
el plan estaba culminado, que la ley había sido cumplida, que la deuda del ser
humano con Dios estaba totalmente cancelada y que el único sacrifico aceptable
era el sacrificio de sí mismo, el Hijo de Dios.
Cuando dijo “consumado es”, lo dijo por mí y para mí. Me quiso expresar antes
de dejar su cuerpo morir, que ya no necesitaba luchar por mantener una
perfección que simplemente yo no podría llevar, que por primera vez estaba a
cuentas porque mi deuda con Dios estaba totalmente saldada y que no aceptaría
mi propio sacrificio en forma de justificación, porque lo único que Él
aceptaría de mi era mi fe en Su sacrificio.
Si sus pasos de camino al Gólgota los hizo pensando en ti y en mí creo que mínimamente
vale la pena detenernos a pensar en Él. Por eso agradezco que en un mundo en el
que festejamos tantísimas cosas, haya espacio suficiente en el calendario para conmemorar
la muerte y resurrección de Cristo.
Creo que antes pasaba por alto este tiempo, porque simplemente pasaba por
alto lo que implicaba Su sacrificio a mi favor. Ahora que lo comprendo mejor me
motiva llegar a esta temporada del año para bajar el ritmo y detenerme a pensar
que pasaron muchas cosas desde esa muerte Divina, que también pasaron muchas
cosas en mi historia, pero que la diferencia entre el antes y el después de
conocer a Jesús es abismal. Todo lo que me queda es Paz.
Dijo: “¡Consumado es!”. E inclinando la cabeza
entregó el espíritu.
Juan 19:30
¿Y tú? ¿Te has apropiado del sacrificio de Cristo a tu favor? ¿Cómo
transitas esta temporada del año?

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