En la Biblia encontramos todo un registro
muy antiguo que inscribe los nombres en su mayoría masculinos, de familias
completas que llegaron a ser naciones. Todo ese registro de genealogías nos
sirve hoy para identificar primeramente el origen de nuestro Señor Jesucristo,
pero también para recordar que las familias son importantes porque marcan
rumbos, escriben historias y nos dan un sentido de pertenencia.
Es importante que nosotros como familia
Jiménez mantengamos viva nuestra genealogía, porque conocerla les proporciona a
nuestros integrantes más jóvenes una identidad, un origen del cual proceden, un
rumbo y una historia que ellos mismos comienzan a escribir para las nuevas
generaciones que llevarán nuestro apellido.
Por eso, me he tomado el tiempo, para
graficar rústicamente nuestra línea genealógica, porque quiero que a través de
nuestros integrantes veamos los privilegios que tenemos de pertenecer a la
familia Jiménez, además quiero que reflexionemos en los privilegios que tenemos
de pertenecer a la familia de Dios.
La
bendición y el legado de buenas decisiones
A partir del Sr. Milciades Jiménez comienza
a escribirse la historia de una extensa familia de 10 hijos de los cuales tres
ya no están hoy con nosotros, cada uno de estos hijos ha escrito su historia a
partir de decisiones que nos han marcado un rumbo de bienestar, de paz y de
integridad para los nietos y bisnietos Jiménez.
En la Biblia nos encontramos con un hombre
representante de la más grande de las familias sobre la tierra, Adán como
representante de la raza humana, de quien no sólo tenemos registro de su nombre
sino también de una importante decisión que tomó y que indudablemente nos
afectó.
Romanos 5:15 dice que:
Porque si por la trasgresión de uno murieron los
muchos, mucho más, la gracia de Dios y el don de la gracia de un hombre,
Jesucristo, abundaron para los muchos.
De Adán sabemos cómo sus decisiones nos
afectaron trágicamente a todos los hombres, lamentablemente sus decisiones nos
acarrearon a todos nosotros el pecado y la muerte. Pasaron muchísimos años
desde Adán hasta la conformación de una nueva familia con Abraham, el padre de
la nación de Israel a quién Dios le prometió que en él serían benditas no sólo
su familia, sino todas las familias de la tierra. La decisión que tomó Abraham
de obedecer a Dios hizo posible que la promesa de Dios se ejecutara y como
resultado, luego de muchos años más tenemos a otro gran hombre líder de una
gran familia real, el Rey David, Aunque David tomó malas decisiones en su vida,
tuvo un corazón dispuesto al arrepentimiento, otorgándole Dios el privilegio de
ser el padre y antecesor del Mesías.
Jesucristo fue en su vida terrenal el hijo
de Adán, hijo de Abraham, hijo de David. Él a diferencia de sus antecesores
humanos tomó la más excelente y perfecta decisión porque fue y es el perfecto
Hijo de Dios.
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda
compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según
nuestra semejanza, pero sin pecado. Hebreos 4:15
Una decisión que en nada lo beneficiaba a
él, pero que nos beneficiaba completamente a nosotros. Él siendo tan sublime y
glorioso Dios, decidió hacerse hombre y dejar de lado todo su esplendor para
servirle a la raza humana. Entregó su vida al más vil y bajo sufrimiento, fue
rebajado y desechado de la sociedad, perdió su dignidad como humano y fue
tratado como un impostor, murió de la manera más cruel e inhumana posible
exponiendo su vergüenza ante todos. Esta decisión la tomó pensando en nosotros,
los que todavía no habíamos nacido. Y aunque no dejó descendencia humana sí se
constituyó padre de la gran e incontable familia espiritual.
Esto nos lleva a reflexionar que cada uno
de nosotros somos responsables de las decisiones que tomamos, y al pensar en
ellas debemos pensar en nuestros hijos, nietos y bisnietos.
Reflexionemos: ¿Cómo mis decisiones afectarán a mi descendencia? ¿Con qué tipo de consecuencias se enfrentarán ellos por causa de mis decisiones?¿Cómo quiero que sea recordada mi familia?
La
bendición y el legado de la unidad
Portar el apellido Jiménez me ha dado el
privilegio del que no muchas familias hoy en día tienen. Uno de mis primeros
recuerdos de infancia se remonta a una navidad en casa de mi bisabuela
Lastenia, en el patio estábamos todos reunidos y había una caja grande llena de
regalos que se repartieron entre todos. Años más tarde me encontré viviendo
lejos de mis abuelos, tías y primos, pero siempre que había oportunidad de
encontrarnos con algún viajero sabía que mi familia no nos había olvidado.
Recibí en cada ocasión cartas, dulces, regalos y algunos dólares que me
enviaron mis tías, tíos y primos. Esa forma de comunicarnos nos mantuvo unidos
hasta el día de hoy que nos podemos encontrar en la virtualidad.
Ser parte de esta familia me ha conferido
la bendición de saber que, aunque vivimos lejos sabemos que del otro lado hay
alguien cercano, alguien que me piensa, alguien que ora, que se interesa por
mis necesidades y que está disponible en cualquier momento.
Esta bendición ha sido algo que por años se
ha construido en el interés de cada miembro por reunirse para compartir una
comida, un fin de semana recreativo, para conmemorar una fecha especial, para
orar por cada miembro de la familia e incluso reunirnos para compartir las
lágrimas por los que hoy ya no están con nosotros.
Momentos Antes de Jesús ser sacrificado se
sentó a la mesa con sus más allegados, y compartieron una cena íntima él les
dijo a sus discípulos:
Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio,
diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de
mí. Lucas 22:19
Fue en una reunión hogareña donde Jesús
instruyó a sus más allegados a cultivar la unidad con el propósito de
recordarlo a él. Luego de la muerte y resurrección de Jesús, los veremos no
sólo a ellos sino a todos los seguidores de Jesús reuniéndose en las casas
cultivando y protegiendo la unidad, el compartimiento y el compañerismo mutuo.
Nosotros no solamente somos hijos de
Milciades Jiménez, también somos Hijos de Dios en Jesús, hoy que gozamos de la
bendición y el legado de la unidad, no podemos descansar la responsabilidad
sobre los más ancianos, sino que todos incluyendo a las nuevas generaciones de
hijos tenemos la responsabilidad de continuar este legado de unidad como parte
de nuestra familia y parte de la iglesia.
Reflexionemos:¿Qué estoy haciendo ahora mismo para cultivar y mantener la unidad de mi familia?¿Qué puedo hacer para que mi relación con mi familia perdure en el tiempo y trascienda a mis hijos y nietos?
La
bendición y el legado del Servicio
Fue en esa misma cena familiar donde vemos
a Jesús tomando una toalla y lavando los pies de sus amigos, sus vehementes
palabras nos elevan la medida de servicio a la que nosotros debemos aspirar a
llegar, pues Jesús sirvió y amó a cualquiera que solicitaba su ayuda.
Si yo el Señor y Maestro, he lavado vuestros pies,
vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. San Juan 13:14
Reflexionemos: ¿Con qué acciones demuestro un corazón servicial? ¿Muestro interés por satisfacer las necesidades de otros antes que las mías? ¿Tengo el hábito de preguntar “en qué te puedo ayudar”?
Hoy queremos honrar a los varones de
nuestra familia, los que nos han legado un ejemplo de servicio y amor.
Leoviceldo
Jiménez
Se interesó por el bienestar de su familia,
mostró preocupación junto a su hermano Luis por compartir el evangelio a sus
padres y al resto de sus hermanos.
Luis
Jiménez
Se esforzó por realizar largas caminatas
para llevar el mensaje del evangelio a otros lugares, tuvo interés en los
jóvenes de su comunidad y junto a su hermano Leoviceldo se preocupó por el
bienestar espiritual de su familia.
Gonzalo
Jiménez
En sus profesiones como psicólogo y pastor
mostró un gran interés por ayudar a las personas en sus sufrimientos
emocionales y espirituales. Mostró su servicio y amor paternal mediante la
adopción.
Carlos
Julio Jiménez – Mi abuelo
Su interés por las necesidades de los
ancianos de su comunidad lo llevó a comenzar un trabajo de ayuda y
evangelización llegando a convertirse en el fundador de la institución CAEPA.
Joselin Jiménez
Renunció a su trabajo administrativo en el Amazonas colombiano para dedicarse por completo al servicio de la iglesia. Su preocupación por atender las necesidades espirituales lo ha llevado como misionero a la República Argentina.
Los
honramos a ellos y a todos los varones de nuestra familia que nos siguen
legando una vida llena de buenas decisiones, interés por la unidad familiar y
acciones de servicio incondicional.
En conclusión, seamos
todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos, y de
espíritu humilde. 1 Pedro 3:8
NBLA
Me siento grandemente honrada con el legado recibido, gracias a Dios por hacernos miembros los unos de los otros, y miembros de la familia de Dios.

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