Uno de los desafíos más importantes que tenemos
como jóvenes solteros y que albergamos en nuestro corazón es poder encontrar
una pareja estable con quien poder formar una familia.
Para unos, este desafío no se convierte en una
preocupación agobiante, sino que transitan con deleite y sin afán el día a día
de la soltería. Mientras que, para otros, el desafío se convierte en una carga
pesada acompañada de una sensación de vacío y soledad. Entre todos estos, son
pocos los/as solteros/as que, movilizados por un sentido de responsabilidad, se
preparan para enfrentarse a ese futuro dotados de herramientas que les permitan
construir una relación duradera.
En el año 2015 el instituto de Ciencias para la
Familia de la Universidad Austral realizó un estudio sobre matrimonio y familia[1],
de los 1000 casos entrevistados un tercio se identificó como soltero, es este
tercio de la población el que a su debido tiempo se debió o deberá enfrentar al
desafío de formar o no una nueva familia.
Son algunos de los interrogantes como: ¿Qué
cualidades y virtudes busco en una pareja? ¿Cuáles me gustarían que sean
nuestros valores compartidos como pareja? Y a la vez: ¿Cuáles son mis valores
no negociables? ¿Cuánto nivel de compromiso espero del otro y estoy dispuesto a
entregar por la relación?, entre tantos otros, los que nos permiten evaluar un
proyecto a futuro de tal magnitud.
En el mismo estudio nos encontramos con algunas
cifras interesantes, por ejemplo:
El 67% de la población encuestada piensan que
la calidad de vida familiar en Argentina es más débil que hace 30 años atrás, Y
46% piensa que en los próximos 30 años la calidad de vida familiar en Argentina
se debilitará. Se percibe una calidad de vida familiar cada vez más débil y sin
expectativa de mejora.
En cuanto a los aspectos prioritarios para el
logro de un matrimonio sólido, la población valoró la buena comunicación, las
metas e intereses compartidos y el compromiso de por vida por parte de los
esposos. 10 años atrás, el compromiso de por vida, estuvo valorado por un 23%,
sin embargo, en el 2015 sólo un 11%. Es decir, Ha disminuido el foco de
atención al compromiso de por vida.
Por último, el 47% estuvo fuertemente de acuerdo
con el divorcio como mejor solución cuando un matrimonio no puede resolver sus
problemas conyugales.
La realidad de las cifras es innegable, sobre
una sociedad pesimista en cuanto a la calidad de vida familiar, la disminución
del compromiso de por vida en el lazo matrimonial y la solución inmediata del
divorcio sin oportunidad para otras alternativas de sanidad conyugal, nuestro
desafío como solteros cristianos a la hora de proyectarnos hacia la formación
de una nueva familia se incrementa.
Es ahora, estando solteros cuando tenemos la
gran oportunidad de fortalecer nuestro sentido de responsabilidad para con el
Creador del matrimonio y la familia, el nivel de compromiso con nosotros mismos
y hacia el otro, para plantearnos interrogantes realistas que nos permitan
hacer una construcción de un futuro matrimonial y familiar que sea exitoso
desde ya.

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