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Oración por un corazón que anhele lo eterno

 


Papá Dios: 

No existen palabras que puedan describir tu gran amor por la humanidad, no hay lenguaje humano ni expresión en el universo con que se pueda describir el gran amor que nos tienes y la misericordia con la que no sostienes día y noche.

Sabemos que nos creaste para ti, para ser llenos y saciados de tu plenitud, pero… hoy te pedimos perdón, porque nuestra mente humana y nuestro corazón obstinado y oscuro muchas veces no lo entiende, perdonarnos porque miramos lo que nos rodea con asombro con deleite e intentamos satisfacer nuestro corazón con las frivolidades de este mundo, perdónanos porque nos engañamos a nosotros mismos pensando que la fama, el dinero, el poder, las relaciones, los títulos y cualquier cosa que existe en esta tierra podrá satisfacer el vacío de nuestra existencia.

Perdónanos porque aunque hemos escuchado acerca de tu Hijo, y tantas veces nuestro corazón es constreñido por todo el sufrimiento injusto que él vivió, sin embargo, muchas veces pasamos por alto el significado de Su entrega y de Su muerte en el madero; trivializamos este acto de amor tan puro, tan santo, tan sagrado, que muchas veces hasta hemos sido capaces de volverle la espalda Nuestro Salvador buscando formas y maneras de auto complacernos y salvarnos a nosotros mismos, pensando erróneamente que de esa manera no nos estamos perdiendo de lo mejor de este mundo.

Hoy acudimos a ti en arrepentimiento y fe sabiendo que solamente a través de esa Cruz y de esa sangre derramada por nuestro Señor Jesús es que nosotros podemos tener un futuro y una esperanza, solamente mediante el cordero inmolado, el perfecto sacerdote, es que nosotros podemos llamarnos hijos de Dios, coherederos con Cristo y ciudadanos del cielo.

Esa, Señor, es la única manera en la que nuestras almas pueden hallar reposo, en la que nuestras vidas pueden encontrar un propósito, esa es la manera en la que nuestra existencia encuentra su morada. Es solamente volviendo a los brazos del Padre que podemos encontrar nuestra verdadera identidad.

¿Podrías Señor poner tu ley en nuestra mente y escribirla en nuestro corazón una vez más? ¿Podrías fijar nuestros ojos en el único y suficiente Salvador para nosotros? ¿Podrías Señor enfocar nuestra mirada en lo eterno de tal manera que no tengamos ninguna motivación por lo efímero, de tal manera que nuestros deseos más oscuros pierdan todo su valor ante el deleite por estar, convivir y construir una relación eterna con aquel que nos ha demostrado con todo su existir, con cada gota derramada de su sangre, Su amor profundo, fiel y duradero por nosotros?

Papá, pon en nosotros un anhelo profundo y desesperado por recibir a nuestro Salvador, por alimentarnos de lo eterno, por no conformarnos con aquello que a la vista humana deslumbra y apetece pero que al final de cuentas perece. Nuestra única porción, mejor dicho, toda nuestra porción eres tú, en esta tierra tan desierta, tan necesitada de ti, nuestra generación alza sus ojos a ti, nosotros te recordamos hoy, recordamos tus promesas escritas en tu palabra, esas promesas no tienen fecha de vencimiento, la sangre que derramaste en la Cruz del calvario no se ha secado, tu sacrificio no ha perdido su valor, sigue siendo vigente para cada uno de los que podemos levantar nuestros ojos y decir: ¡Padre te necesitamos! ¡Nuestra generación y las que vienen detrás de nosotros te necesitan! ¡Nuestra nación clama por tu justicia! ¡Nosotros tus hijos que amamos tu voluntad, clamamos que tu voluntad sea hecha en nuestra tierra, en nuestras vidas!

Nuestro corazón no descansa hasta hallarnos plenamente satisfechos en ti, y esa es nuestra oración hoy y siempre, que a medida que nuestra juventud transcurre, en la medida que vamos creciendo y desarrollándonos en este mundo, nuestra sed por ti crezca mucho más. Que en la medida que nosotros los jóvenes culminamos una carrera, definimos nuestro futuro, formamos familias, trabajamos, y nos desarrollamos como adultos, nuestro corazón en cada etapa encuentre plena satisfacción en ti.

Que el resplandor de tu gracia brille a través de nuestras vidas, de nuestros trabajos, de nuestras profesiones, de nuestras familias, de la vocación y el propósito con el que nos has creado, de tal manera que nuestras vidas hablen fuerte acerca de tu amor y tu tierna gracia. Que nuestro ejemplo sea el testimonio verídico de que nuestro corazón no está anclado ni aferrado al presente, al día tras día, sino que aguardamos en esperanza la eternidad que nos espera junto a ti.

Que cuando las demás personas nos vean, vean a Cristo a través de nosotros, que nuestras manos sean las manos de Cristo sosteniendo al débil y cansado, que nuestros pies sean los pies de Jesús corriendo a socorrer al que está a punto de caer, que nuestras palabras sean las palabras del maestro con las que podamos abrazar corazones heridos y solitarios, que incluso Señor a través de nuestro sufrimiento, los que nos rodean encuentren el corazón de un padre que sostiene y no abandona.

No nos conformamos, nos resistimos a creer las ideas humanas de que todo lo que existe es esta realidad presente y fuera de aquí no hay nada más, porque estamos plenamente convencidos y nos aferramos a tus promesas de un futuro glorioso, una eternidad en la historia donde tú reinarás, te glorificarás, demostrarás al mundo tú verdad y tu justicia. Por eso podemos clamar ¡Abba Padre! ¡Ven pronto señor Jesús! ¡te anhelamos!

Nuestro corazón no encontrará el descanso hasta encontrarte y ser hallados plenamente en ti. Tú en nosotros y nosotros en ti.

Gracias porque tu amor inagotable sobrepasa las fronteras de esta virtualidad, y todos los que compartimos este mismo deseo y este mismo corazón podemos decir “Amén”. Amén a tus promesas, Amén por tu cuidado y tu fidelidad, Amén por darnos una identidad que trasciende lo eterno, un futuro y una esperanza en Cristo Jesús. Amén.   

“En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, al Señor Jesucristo”. Filipenses 3:20 NVI


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